jueves 13 de octubre de 2011
Despertares
El español tiene palabras como 'onomatopeya', kikirikí es una. Al despertar hoy, fue uno de los primeros sonidos que escuché, repetido varias veces por uno de los gallos que pululan por el Rustic, medio destartalado y afónico, pero aún conserva fuerzas para anunciar cuando la noche está a punto de separarse del día. No puedo decir que me despertara, porque cuando tengo que madrugar, se activa en mí ese reloj biológico, que entre otras cosas sirve para no dejar dormir más de la cuenta. No solo no me hizo falta el canto del gallo, ni siquiera fue necesaria la alarma del móvil. El motivo de mi temprano despertar era el comienzo de las clases de español en la academia Go! de Santa Gertrudis que daré hasta el 3 de noviembre. Nivel avanzado, me había dicho Moly que tenían las estudiantes del primer grupo, no quiero imaginar entonces lo qué se considera principiante. Lo más difícil de enseñar un idioma es no darlo todo por hecho. Aprendí algunas cosas hojeando libros y cuadernos varios para hacer tiempo hasta que el reloj marcara las 10: que 'medusa' en inglés se dice 'jellyfish', que en Menorca hubo una cultura denominada talaiótica y que en Japón tienen en cuenta, como nosotros los horóscopos, los grupos sanguíneos para definir y establecer distintos caracteres... Vaya pupurrí de conocimientos. Después de las dos horas de clase, me fui a la piscina climatizada, es raro bañarse en una piscina dentro de una isla, es un poco como la tele dentro de la tele. Tras las cristaleras se veían limoneros y otros árboles frutales que salpican de color el paisaje. Nadé un rato y me fui pronto, los vestuarios estaban llenos de young mothers con sus babys, del curso 'natación para bebés' Me encantó la escena, pero me da pavor solo imaginarme en su lugar. A ese otro reloj biológico, si ha de activarse algún día, todavía le queda tiempo: tiempo para un reloj.
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Trinos