
A mediados de los sesenta, cuando aún no se había inventado el bocadillo de döner kebap, el perrito caliente estaba de moda y era la principal fuente de alimentación de los estambulíes que picoteaban en la calle[...]
El contenido de los embutidos y albóndigas que nos comíamos en la calle era la peor pesadilla no solo de mi madre, sino también de todas las madres de clase media. Por eso los que vendían bocadillos de sucuk por las calles gritaban "¡Apik, Apik!" al anunciarlos. Era la marca de embutidos Apikoglu, famosa por no usar carne de caballo ni de burro en sus productos. En los sesenta, durante la primera época de los sándwiches de queso, las masas estambulíes, aunque consumieran sobre todo bocadillos de embutido y perritos calientes, eran bombardeadas en el cine con anuncios de fabricantes de embutidos y salchichas. Nunca se me irá de la memoria uno de esos anuncios, que además debe de ser uno de los primeros dibujos animados nacionales que vi en Estambul: sobre una enorme picadora de carne dibujada a mano van cayendo en paracaídas del cielo todo tipo de vacas que habrán de convertirse en embutido con expresión de felicidad. Pero ¿qué es eso? ¡Entre las vacas se ha introducido arteramente un simpático burro de grandes dientes que sonríe ladinamente! Justo cuando el burro va a introducirse en la picadora para convertirse en carne picada ante la miradas inquietas de los espectadores, un puño que surge de la máquina aleja al burro y una voz femenina nos anuncia que podemos comer "con el corazón tranquilo" tal marca de embutidos.
Todos los colores, Orhan Pamuk

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