miércoles 4 de enero de 2012

Hubo uvas

Hace cuatro días que el 2012 ha empezado. Lo celebramos cenando en el chino de la calle Silva (nuestro preferidísimo) y después nos fuimos a comer las uvas a la puerta del Sol. El chino estaba lleno de chinos, yo creo que aprovechando que sabían que esa noche no habría autóctonos, ya que aparte de nosotros solo había una mesa de modernos malasañeros, aunque eso sí, bastante numerosos. Al final no hubo fondee, muy a mi pesar, pero es que a Anabel y a David no les apetecía. Pedimos dos cuencazos de sopa (una picaba que solo con olerla ya tosías) y la otra era una especie de potaje con tofu. Además de las sopas, pedimos también berenjenas con sepia seca y las sempiternas y deliciosas empanadillas.
Nos fuimos caminando a Sol, que por supuesto estaba abarrotado, aunque no tanto como imaginaba. No comparto los métodos de diversión multitudinarios, ni éticos ni estéticos, aunque hace años yo también formara parte encantada de lo que a la Penca llama el hombre masa y de la efervescencia etílica
Las pelucas de colores (este año la predominante era en forma de cresta) y unas gafas con la fecha de 2012 eran casi ubicuas y allí donde miraras, te topabas con alguna. Qué tedio. No sé qué diversión hay en ponerse un look lo más hortera posible y emborracharse hasta la náusea. Como estas anticelebraciones, hacen aflorar mi yo misántropo, soporte con bastante fastidio e incomprensión la algarabía generalizada y me comí más por automatismo que por convicción unas bolas peladas, sin semillas y en almíbar que de uvas solo tenían el nombre.
Ojalá que el año que viene la Nochevieja me sorprenda fuera de España, sigo pensando que la mejor es la que pasé en Asilah (Marruecos) bebiendo té de kifi

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Trinos

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